Introducción a Oshozi

En el año 1943 el Dr. Abraham Maslow, uno de los fundadores y máximo exponente de la psicología humanista, propuso la «Teoría de las necesidades humanas» [Mas43]. Esta publicación obtuvo una gran notoriedad, no sólo en el ámbito psicológico sino también en el empresarial debido a que define muy bien una jerarquía de las necesidades humanas, en la que la satisfacción de las necesidades más básicas o subordinadas da lugar a la generación sucesiva de necesidades más altas o superordinadas. Otro principio fundamental de su teoría es el que sugiere que las únicas necesidades que nacen con el individuo son las de la base es decir las necesidades fisiológicas y que las demás surgen a partir de estas necesidades una vez que ya han sido suplidas.

Como podemos ver en la pirámide de Maslow (ver Figura 1.1), la seguridad, en todo su conjunto, ocupa el segundo escalón más importante dentro de las necesidades humanas, quedando sólo por detrás de las necesidades fisiológicas.

Pirámide Maslow
Figura 1.1 – Pirámide de Maslow

Tomando como base lo expuesto anteriormente y la impetuosa necesidad del ser humano de sentirse seguro, en nuestro caso, físicamente, el hombre a medida que han avanzado los tiempos ha ido diseñando nuevos sistemas de seguridad que se adaptasen mejor a las nuevas
posibles amenazas.

Por lo general estos sistemas de seguridad no suelen ser un único servicio aislado sino que se comprenden de una combinación de elementos físicos y electrónicos que en su conjunto dan como resultado la herramienta adecuada para trata de salvaguardar la integridad de personas, bienes materiales y recintos, mediante la colocación estratégica de varios dispositivos con el fin de detectar presencias no autorizadas e intrusiones. Hoy en día, los sistemas de seguridad tienen un alto grado de automatización basado en un conjunto de sensores y tecnologías de comunicaciones, así como software de gestión que evalúan las potenciales situaciones de riesgo y son capaces de reaccionar de forma autónoma o como apoyo al personal de seguridad. Con el propósito de estandarizar algunos aspectos relativos a los sistemas de seguridad privada, en el año 2011 se emiten una serie de órdenes ministeriales en las que se establece una categorización, en grados de seguridad, para las instalaciones y los elementos que la conforman, atendiendo a los niveles de riesgo a los que cada uno de ellos hace frente. Así, un grado 2 se refiere a un nivel de riesgo bajo a medio, dedicado a viviendas y pequeños
establecimientos, comercios e industrias en general, que pretendan conectarse a una central receptora de alarmas o, en su caso, a un centro de control. El grado 3 queda reservado para instalaciones de riesgo medio/alto en establecimientos comerciales o industriales a los que por su actividad se les exija disponer de conexión a central receptora de alarmas o, en su caso, a un centro de control. Para esta última categoría o grado, se exige que tanto los detectores como los contactos magnéticos e infrarrojos puedan presentar los estados de: alarma, reposo, tamper, cortocircuito y sabotaje [BOE11].

Aunque hace unos años los sistemas de seguridad eran utilizados en el ámbito industrial mayoritariamente, hoy en día existen alternativas adaptadas al mercado doméstico que han provocado una rápida evolución y aparición de nuevos dispositivos, sistemas y fabricantes que operan en este sector. Sin embargo, tradicionalmente el sector de la seguridad ha estado dominado prácticamente en su totalidad por tecnologías propietarias.

Este tipo de sistemas constan habitualmente de una central y software de gestión que se licencian en función de las características de la instalación y en algunos casos por períodos contratados. Además, la mayoría de estos sistemas tradicionales se basan en una arquitectura centralizada, siendo más vulnerables ante fallos, tanto arbitrarios como intencionados, ya que tienen un punto de fallo central que inutiliza todo el sistema. Por otra parte, el grado de penetración de las nuevas tecnologías de cara a la usabilidad de las interfaces de usuarios es escasa en este sector. La gran mayoría de aplicaciones de gestión poseen interfaces poco amigables e intuitivas que dificultan su uso a usuarios sin formación previa, haciendo que en ocasiones no se exploten en su totalidad las funcionalidades que realmente brindan los sistemas.

Esta situación ha provocado que el mercado adopte como norma este método de trabajo, dificultando seriamente la entrada de nuevos productos salvo para aquellas empresas que ya disponen de renombre o que poseen un capital considerable como para hacerse un hueco en la industria de la seguridad.

Diagrama básico, Sistema de Seguridad Oshozi

Teniendo en cuenta todo lo anterior y atendiendo al panorama actual de los sistemas de seguridad privada, se puede afirmar que los avances tecnológicos no están siendo apropiadamente adoptados por esta industria . En este sentido, la aparición de plataformas hardware de bajo coste como Arduino 1 y las oportunidades que se derivan de su capacidad de interconexión plantean un escenario idóneo para estudiar su posible aplicación a entornos tan restrictivos como el de la seguridad.

No obstante a todo lo expuesto aquí, actualmente hay fabricantes que se esfuerzan no sólo por llegar a satisfacer las necesidades del mercado, sino también por innovar. Un ejemplo de plataformas integradoras puramente españolas son: Desico y Dorlet . Ambas empresas venden sistemas o plataformas de integración donde ofrecen gestión de los elementos de intrusión, CCTV, control de accesos e interfonía sobre la misma interfaz, pero en ambos casos y por lo costoso de las certificación en grado, no ofrecen su  producto como un sistema de seguridad como podría ser Honeywell, que fabrica principalmente centrales de seguridad de grado 2 y grado 3